Aún no llega su hora
Los Príncipes de los judíos y los pontífices se concertaron para aprender a Jesús y hacérselo llevar por varios de sus satélites (Jn. 7), a los cuales enviaron al templo donde estaba el Señor. Pero estos ministros, una vez que escucharon a Jesús, quedaron embelesados por su doctrina y elocuencia, y no le prendieron. En cuanto volvieron a los Príncipes de los Sacerdotes y a los Fariseos, éstos les preguntaron por qué no le habían traído, a lo cual respondieron que nunca habían oído hablar a otro hombre como a Él. Observa, alma mía, que Jesús sabía que en el Templo había quienes querían prenderle y encarcelarle; pero él no vaciló en ir allí, y también observa que nadie le tocó porque aún no llegaba el día en que él se entregaría, por propia voluntad, a sus enemigos para ser inmolado; de aquí puedes deducir que los malos nunca prevalecerán contra tí, sino sólo cuando y de la manera que Dios se lo permita; aún así Jesús da ejemplo de prudencia, pues va a Jerusalén el tercer día de la fiest...